Tú misma
No he visto…
… ‘Couture’ porque este año no he ido al Festival de San Sebastián. La película de Alice Winocour opta a su Concha de Oro. Sólo por eso (me fío de los programadores de Zinemaldia) ‘Couture’ me interesa. También porque cualquier película europea con estrella de Hollywood me intriga por definición. Me da lo mismo Nicole K. que D. Craig que Angelina. Ella es la estrella americana de ‘Couture’. Interpreta a una directora de cine (americana) en un mundo tan francés como la alta costura.
En el podcast de Kinótico (sin duda el mejor medio para seguir la actualidad de festivales de cine) María Guerra opinaba que en Couture Angelina Jolie se interpreta a sí misma. A ese respecto Janina Pérez aportaba una pregunta interesante: ¿no será que cada vez nos cuesta más creernos las interpretaciones de determinadas estrellas, rodeadas de glamour, belleza, fama, portadas y atributos aspiracionales? Quizá de esto último (y de que la respuesta a la pregunta sea: sí) emana la percepción de María Guerra: podemos sentenciar que una estrella se interpreta a sí misma cuando estamos seguros de que significa ese “sí misma”. Tercera aportación interesante al debate: Daniel Mantilla recordaba cómo ese intangible hacía mucho más potente la interpretación de Jolie en Maria Callas. Una diva haciendo de otra diva. Una mujer-concepto interpretando a otra mujer-concepto.
Yo también creo que…
… con frecuencia, las Angelinas (y los Clooneys), ponen demasiado a prueba su capacidad de convertirse en personajes muy alejados de su propia imagen pública. No suele funcionar. Yo tampoco me creo a Barbara Lennie en ‘Los Tigres’, la nueva película de Alberto Rodríguez, también a competición en Donosti. No me la creo como trabajadora de a pie.
Ahora bien, en ‘La enfermedad del domingo’ sí me la creía. En esa curiosísima película de Ramón Salazar, Lennie se presentaba como una camarera anónima, una más. Pero su personaje se revelaba como poseedor de una elegancia innata (los genes: su madre en la ficción era Susi Sánchez) que justificaba y elevaba la elección de Lennie para el papel.
Como he publicado en El Mundo hoy mismo, puede que hablar en exceso del físico de los actores sea algo irrespetuoso, pero peor es obviarlo. Eso es de tontos. Margot Robbie o Michael Fassbender no habrían avanzado tan rápido si no tuviesen el aspecto que tienen. Como dije el otro día en JELO, en cuanto Hollywood se percató de la existencia de Robert Redford, lo embarcó en el vuelo (destino: el superestrellato) por la fast track. Cuando el resto de pasajeros entraron en el avión, él ya estaba sentado en su plaza, con una copa de champán en la mano y ligando con la azafata más guapa.
Una superestrella puede hacerte potable algo que sin ella sería indigesto. O algo que no sería, directamente. Eso hace Robin Wright en ‘La novia’. Sin ella quién vería esa cosa. O quién se atrevería, como yo, que vivo peligrosamente, a defenderla.
Otro atrevimiento:
Mezclar en la misma película, de tono en principio 100% naturalista, caras muy conocidas con otras que no lo son en absoluto. Eso hace Carla Simón en ‘Romería’. Y le sale bien. No es que Tristán Ulloa sea Angelina o Clooney, pero está más cerca de ser una estrella de cine que un discreto actor de teatro. En ‘Romería’ uno no ve al Ulloa estrella, sino al Ulloa actor. Quizá es porque lo primero es, en su caso, más una acumulación de trabajos que una actitud ante su profesión y la popularidad que ésta le proporciona.
Os aseguro que Tristán Ulloa es uno de los actores más simpáticos, educados y, en definitiva, fáciles, que he conocido. Otros, con su trayectoria, se creerían con derecho a todo. Es maravilloso ver su carisma disolverse en esa otra maravilla que es ‘Romería’. Cuesta creer que algunos de los personajes de Simón están interpretados por actores, que ahí hay guion, dirección e interpretación, que no son “ellos mismos”. El código de la película es tan perfecto que, cuando decide mutar y desmelenarse, tardas unos cuantos minutos en reconocer que es justo eso lo que ha hecho.
El efecto actores-no-estrellas…
… es, si cabe, todavía más potente en ‘Maspalomas’, Su reparto es conocidísimo en el País Vasco, pero no tanto fuera. Con el star system vasco ocurre como con el catalán, el gallego o el andaluz, forjados en industrias culturales que sólo son periféricas si caemos en la trampa de asumir que Madrid es el centro de todo. Aunque del cine y la televisión con frecuencia lo sea, tampoco seamos ilusos. El caso es que el reparto de ‘Maspalomas’, estrellado (del verbo “ser estrella”) en Euskadi pero no en otros sitios, eleva muchísimo una película cuyo guion ya anda sobrado de potencia.
Imagino perfectamente…
… la misma película en manos de intérpretes hiperpopulares: un proyecto comercialmente menos arriesgado pero artísticamente más débil. Por otro lado, leo esta última frase y me avergüenzo: ¿cómo me atrevo a plantear que Vicente no fuese José Ramon Soroiz, Nerea no fuese Nagore Aramburu y a Xanti (viva Xanti, joder) no le pusiese cara Kandido Uranga? Perdón por la herejía. Habrá quién piense que cuestionar la idoneidad de Bárbara Lennie para un personaje también es ensuciar lo sagrado. Yo lo veo así: Bárbara está más cerca de Angelina, una estrella, una diosa, que de Manuela Paso, la estupenda y maleable actriz con la que compartió tablas en ‘La función por hacer’, ese legendario montaje teatral madrileño que, como ‘La Llamada’ de Los Javis, descubrió talento y estrellas.
Fuera de Madrid eso también pasa.




Angelina Jolie siempre funciona cuando interpreta versiones de sí misma: desde Girl, Interrupted hasta Callas. En cambio, una actriz como Meryl Streep tiene la capacidad camaleónica de convencernos de que es lo que sea: una escritora danesa con una granja en África, una neoyorquina adúltera en Falling in Love, una cocinera carismática en Julie & Julia o una versión apenas disimulada de Anna Wintour en El diablo viste de Prada.
Angelina, en cambio, es —ante todo— una mujer muy guapa que hace películas. Cambia de personaje, sí, pero no de registro. Brilla únicamente cuando encarna a una mujer atormentada: por la anorexia, las drogas o el cáncer.